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Aquella noche fue turbulenta para Velkemon. Dentro de los dormitorios Mavericks de la guarida, el Digimon verde dormía apacible en su cama, aunque su conciencia virtual experimentaba diversas sensaciones. Gracias a los pensamientos que tuvo sobre Hakkamon, pudo ingresar dentro del D-mod de la Justicia tal y como hacía Mikaru en ocasiones anteriores.
Era primera vez que Velkemon recorría los fríos bosques de Miklaztemon. El cielo era totalmente negro, adornado con una enorme gama de estrellas amarillas, que alumbraban la arboleda. Los vientos eran gélidos, parecidos a los de Terra Frozen. La hierba era suave y cubierta por un fresco rocío, tan suave que Velkemon podría tumbarse sobre ella y quedarse dormido en cuestión de segundos. Pero no era por lo que estaba allí, su subconsciente deseaba conocer más de su contraparte inocente, deseaba conocer el verdadero compañero Digimon de Mikaru.
Velkemon tocó el tronco de un frondoso árbol, se sentía real, al igual que el frío que experimentaba. Su aliento se notaba a simple vista y su mirada lucía perdida. Buscó señales de Hakkamon por alguna parte, gritó su nombre pero nadie acudió a su llamado. Estaba solo.
— ¡Hakkamon! —gritó de nuevo y el eco de su voz resonó en todo el bosque, como si estuviera encerrado en una habitación gigante.
A pesar de lo inmenso que era Miklaztemon Forest, este tenía sus límites, las tres paredes del tetraedro. Velkemon siguió caminando sin rumbo, apoyándose de cada árbol que encontraba. Ciertamente estaba solo, y sin embargo sentía que le estaban observando, como si alguien asechara tras sus espaldas y que al girar ya no estuviese.
Velkemon no notó nada a su alrededor, en ese entonces, un pequeño escalofrío recorrió su cuerpo, comenzaba a sentirse nervioso y a respirar con brusquedad.
— ¿Hakkamon…? —le llamó una vez más, mostrando inseguridad—. M-mikaru dijo que estabas aquí. Soy Velkemon, ¿me reconoces…? —nadie o nada respondió a sus preguntas, lo que lo inquietó aún más—. ¿Hakkamon…?
Velkemon notó en la lejanía como una extraña sombra negra brotaba de la hierba, subiendo poco a poco. Distinguió un sombrero puntiagudo y una túnica que desprendía niebla. Sus manos amarillas fosforescentes eran radiantes y desprendían luz. Todo su atuendo era oscuro, daba la impresión de no poseer piel o un cuerpo. Era como un fantasma.
En cuanto le detalló, Velkemon se quedó petrificado del miedo. Jamás había sentido una sensación similar, era escalofriante, el espectro inspiraba terror y malos pensamientos. Velkemon no pudo evitar caer de espaldas, retrocediéndose a rastras por el suelo.
— ¿M-miklaztemon…? —preguntó en un tartamudeo—. ¿Ese es tu antiguo cuerpo…? No te pareces en nada a lo que había imaginado… —habló temeroso.
El espectro digital tocó la punta de su sombrero con su mano derecha. Su mano flotaba a la intemperie pero se movía como si estuviera conectada a la túnica. En ese entonces, pronunció unas palabras secas y sombrías.
—No… hay… Equilibrio. No… hay… cuerpo —el espectro se quitó el sombrero, revelando que no tenía cabeza, solo un par de luceros amarillos que flotaban en lugar de sus ojos.
Velkemon se llenó de pavor, jamás había visto algo tan horrible, el brillo de los faros amarillos se notaba en sus ojos verdes. Varios códigos binarios se notaron, era su mente que trataba de procesar lo que era, sin hallar respuesta.
—No… no eres Miklaztemon… Me das miedo… ¡Deja de verme! —le exigió Velkemon de un grito, totalmente atemorizado.
—Sin… Equilibrio… no… hay… cuerpo —repitió el espectro una y otra vez, acercándose lentamente al líder de los Mavericks.
Velkemon no hacía más que retroceder, todo el valor y las agallas se habían quedado en el Digimundo al ingresar dentro del D-mod. Era una pesadilla, y una muy real. Velkemon no tenía el coraje para levantarse y atacarle con su Cañón de Fotones, o sus Látigos del Rayo, lo había perdido todo al entrar en contacto con sus luceros amarillos.
— ¡Aléjate de mí! ¡No me toques!
—Dame… ¡un cuerpo!
— ¡Hakkamoooon!
Velkemon se irguió violentamente y cayó de la cama envuelto en la sabana. Se zarandeó tratando de quitársela, lanzando alaridos de miedo. Tanto ruido despertó de inmediato a Mikaru y se apresuró en calmarle.
—Velkemon… Calma, tranquilo… —le quitó la sabana sin tener menor idea de lo que le había pasado, dedujo que debió tratarse del mismo sueño—. Shh… calma… Estás en la guarida —le recordó con suavidad en su voz.
El Digimon salió del trance de la pesadilla, jadeante y con sus ojos abiertos como platos. Miró a su alrededor, comprobando que si estaba dentro de la guarida, en un dormitorio separado del de los demás Mavericks. Mikaru había tenido la idea de dormir en una habitación aparte, ya que Velkemon sufría constantemente de turbulentas visiones, que a menudo terminaban en gritos y perturbaban el sueño de los demás.
—Sin Equilibrio no hay cuerpo… —pronunció en un hilo de voz, recordando exactamente aquellas palabras.
— ¿Qué estás diciendo? Mírame, Velkemon —Mikaru le sujetó del cuello con suavidad y giró su cabeza para verle a los ojos—. Dios mío… es como si se te hubiese escapado el alma. ¿Qué ha pasado? —preguntó aún más preocupado.
Velkemon no fue capaz de contestar, en lugar de eso, se puso a llorar envuelto en los brazos de Mikaru. El joven humano le consoló una vez más, como solía hacer cada noche desde la muerte de Zentramon.
—Tranquilo, Velkemon… no llores. Tranquilo… —Mikaru también sintió la necesidad de llorar, después de todo, no le gustaba ver a sus amigos sufrir, y mucho menos a alguien tan cercano como Velkemon—. ¿Es el mismo sueño? T-tienes que dejar de buscar a Hakkamon, te está haciendo daño.
—No es Hakkamon, es lo que está detrás… el fantasma oscuro de ojos luminosos —Velkemon temblaba de solo pensar en el espectro, aquella aterradora figura era la mismísima encarnación del miedo—. No encontré a Hakkamon, estuve… estuve dentro del D-mod, como tú hacías antes.
— ¿En serio? ¿Cómo has podido?
—No lo sé… solo sé que no quiero volver allí nunca más. No quiero ni pensar en lo mucho que está sufriendo Hakkamon —sollozó.
Mikaru se quedó acariciando su cabeza por un tiempo, nunca había visto a Velkemon tan asustado, hasta llegó a pensar que se trataba de Hakkamon en vez del legendario líder de los Mavericks, tan indefenso y acobardado.
Miró el collar tetraédrico que reposaba en su pecho, era increíble que sucediesen cosas tan complejas en un aparato tan pequeño. Allí dentro estaba el Digicore de Miklaztemon y Hakkamon, pero también estaba un fantasma oscuro que amenazaba con matar lo que se interpusiera en su camino. ¿Cuáles eran sus verdaderas intenciones? Miklaztemon no ofrecía respuestas, de hecho, ni siquiera hablaba.
Mikaru se levantó con Velkemon en brazos, el Digimon se había quedado dormido de nuevo, sin duda estaba muy agotado y sin energías. El joven lo dejó cuidadosamente sobre la cama y se acostó a su lado. Cogió el collar tetraédrico, viendo el brillo amarillo del cristal.
—“Miklaztemon… ¿qué está pasando?” —pensó, meditando un poco sobre el fantasma oscuro. Después desvió su atención a Velkemon, quién seguía descansando—. “No más pesadillas…” —se quitó el collar y los anillos, dejándolos bajo la cama.

La noche se fue volando al igual que los días venideros, y la legión de los Mavericks dio inicio a sus operaciones para dominar el continente Folder, formando los equipos de tres Digimons de atributos distintos. Xolpamon había recibido un merecido sermón después de descubrir su cámara de torturas, si volvía a desobedecer las leyes de Velkemon, él mismo se encargaría de expulsarla y a sus mafiosos.
Los Mavericks más importantes discutieron sobre el viaje a Mother Tree en la sala de reuniones. Nanokorimon resultaba tener varios conocidos en Fog Island: el cinturón de islas alrededor del árbol colosal, conocidos que resultaban ser piratas. Sabía exactamente cómo llegar y estaba dispuesto a guiarlos si conseguían un bote, de eso se encargó Ghopermon, quién aportó que el muelle de Corialis Port tenía suficientes botes, barcos y hasta yates humanos.
Todos estaban emocionados con el viaje, sobretodo Arman y Víctor, nunca habían viajado por el mar y aquella sería una experiencia irrepetible. Al final, Velkemon nombró a Mikemon como el segundo Maverick a cargo, dejándole la guarida a su disposición para que organizara la resistencia en el continente. Xolpamon y Trixmon se quedaron con Mikemon y formaron parte del mismo equipo, ya que eran de atributos distintos. Xolpamon era Virus, Trixmon Vacuna y Mikemon Datos.
Al amanecer del siguiente día, los Mavericks se despidieron de los humanos y sus compañeros Digimon. Alzaron sus brazos y aplaudieron llenos de determinación. Si lograban cumplir su cometido, traerían consigo a los poderosos dioses del Digimundo, los Primerizos, y así no habría nada que pudiera detenerlos.
Mikaru apreció la quebrada seca de la guarida por última vez, sabía que no volvería a verla en un largo tiempo, aunque también podía ser la última vez que la viese. Velkemon estaba sonriente y Protemon confiado en que todo saldría bien. Amon no pudo evitar traerse consigo la caja metálica, tenía la corazonada de que en su aventura por Net Ocean encontraría la llave.

Tres días después…
— ¡Muere! ¡Muere! —gritaba Velkelimon, disparando sus furiosas corrientes eléctricas a modo de ráfaga de sus dedos, a Sealsdramon, el único superviviente de la policía de Leopardmon.
Ambos Digimons entablaban un duelo montados en el techo de dos trenes en la línea subterránea de Corialis Port, que después de la invasión de las Autoridades, la velocidad de los vehículos estaba desatendida.
La lucha por llegar al muelle era toda una odisea. Un enorme destacamento de las Autoridades, liderado por un poderoso Megaknightmon, impedía que los Mavericks llegasen a la costa. Los jóvenes humanos y sus Digimons estaban a cubierto dentro del tren, evitando las ráfagas de balas de la ametralladora de Sealsdramon.
La escena estaba llena de acción, las luces del túnel pasaban fugazmente por las ventanillas del tren, chisporroteantes al igual que las del pasillo. Había trozos de cristal en el suelo y se escuchaban las fuertes pisadas de Velkelimon en el techo.
— ¿¡Todo bien allá arriba!? —preguntó Arman, subiendo la cabeza un poco.
— ¡Agáchate! —le ordenó Mikaru, bajando la cabeza de su amigo antes de que volara de un tiro—. ¡No hagas tonterías!
Velkelimon buscaba alejarse de la posición de sus amigos, así no los comprometería en el tiroteo. Corrió sin parar de disparar electricidad, hostigando a Sealsdramon a desactivar su módulo de invisibilidad.
¡Ráfaga Eléctrica!
La electricidad perforó casi todos los cristales del vagón en donde estaba su rival hasta que un muro los separó. Velkelimon bajó la guardia y se irguió, cerrando sus ojos. Sus orejas y su túnica se mecían a la derecha por la velocidad del tren. El Digimon tenía una herida de bala en el hombro izquierdo, no era grave pero sentía un leve entumecimiento que dificultaba su puntería. Velkelimon cubrió la herida con su mano derecha mientras esperaba que el muro terminase.
— ¿¡Velkemon!? —le llamó Mikaru, viendo hacia arriba aún agachado.
—Estoy bien, gracias por preguntar —contestó en voz alta—. El tren de Sealsdramon ha cogido otro destino, puede que no le volvamos a ver.
Annie estaba preocupada, con tanto ruido y el peligro asechando en todas partes le era imposible mantenerse en calma. Víctor la acompañaba en todo momento, protegiéndola, al igual que Ghopermon y Samiraimon.
— ¿Conoces a ese Digimon, hermano? —preguntó Annie.
—Si… formaba parte de la policía de Corialis Port. Veo que ha logrado sobrevivir al exterminio de Lordknightmon.
— ¿Crees que Tigervespamon también haya sobrevivido? Es un Digimon muy fuerte —mencionó Ghopermon, mirando con intriga al joven escritor.
—Puede que sí, pero no estoy seguro —Víctor no había pensado en Tigervespamon, desde que llegaron a Corialis Port hace un día, no habían hecho más que escabullirse entre balas y lanzas, buscando la ruta hacia el muelle, pero la presencia de las Autoridades estaba en cada esquina.
De pronto, Takeshi escuchó unas leves pisadas en el techo, justo por encima de su posición. Sus ojos se dilataron y gritó:
— ¡Velkelimon, Sealsdramon está detrás de ti!
El Digimon Maverick se dio vuelta con rapidez, recibiendo la estampida de Sealsdramon. Derribado, Velkelimon sujetó los brazos del agresor, Sealsdramon trataba de acabar con su vida buscando apuñalar su pecho.
—Morirás, Velkelimon —dijo con una sonrisa en su rostro.
La fuerza que poseía era tremenda, tratándose de un Digimon ciborg, pesaba mucho más que Velkelimon. El Maverick puso todo su empeño en repeler el cuchillo de combate, pero sus fuerzas fueron menguando.
—Agh… No entiendo cómo puedes seguir siendo leal a un Caballero Real muerto… —replicó con dificultad.
—Fui entrenado para asesinar, no conozco otro oficio, Maverick.
Velkelimon frunció su mordida y propinó unos fuertes rodillazos al estómago de Sealsdramon, ataques inútiles, puesto que el Digimon no se vio afectado. Sin más alternativa, Velkelimon no tuvo más opción que pedir ayuda a gritos.
— ¡Necesito ayuda aquí arriba!
—Ya está bien de esperar… —gruñó Ghopermon entre dientes. Usó su Pinza Metálica para abrir un agujero en el techo del tren y subió a ayudar a Velkelimon—. ¡Pinza Metálica! —gritó, estirando su cola hacia Sealsdramon, logrando cogerle del cuello.
Al quitárselo de encima, Velkelimon apuntó sus dos manos y gritó:
¡Ráfaga Eléctrica!
Sealsdramon recibió toda la furia del Maverick, electrocutado de pies a cabeza, y por si eso no bastaba, Ghopermon lo arrastró contra el muro del metro, haciendo que saltasen las chispas y partículas de datos.
— ¡Aaaaaaaaaaaaghh!
— ¡Jajaja, venga, grita más fuerte! —se burló Ghopermon, dejando escapar su risa maléfica. No soltaba al Sealsdramon, dejaba que siguiera desfigurándose en la pared como si estuviera rallando queso.
Velkelimon estaba impactado por la crudeza que veían sus ojos, jamás había visto semejante forma de eliminar a un enemigo, una muy sádica pero efectiva. Finalmente, Sealsdramon dejó de existir.
— ¿Gracias…? —dijo Velkelimon, esbozando media sonrisa.
—De nada —respondió Ghopermon, devolviéndole el gesto—. Volvamos adentro, no debemos estar muy lejos de la estación del muelle.
Una vez dentro del vagón, Velkelimon se sentó de golpe en uno de los asientos, viendo su herida de bala en el hombro. Mikaru se le acercó preocupado.
—Estás herido… —le indicó con suavidad—. Samiraimon, Velkemon necesita una reparación.
La Guardiana asintió y concentró sus energías. Protemon vigilaba una de las ventanillas, viendo el paisaje en ruinas de Corialis Port. Ya habían salido del túnel y avanzaban con rapidez por un puente elevado. Estaba atardeciendo, y la luz del cielo comenzaba a apagarse dando lugar a un firmamento azul marino, lleno de estrellas.
Los Mavericks guardaron silencio, viendo el fúnebre paisaje. Amon veía en el cerrojo de la caja metálica hasta que decidió romper el silencio.
—Hay algo extraño en esta caja —mencionó.
—Jejeje, ¿de verdad? —preguntó Arman sarcásticamente, tomando asiento y reposando sus codos en el respaldo—. Eso es obvio, lo extraño es que no puede abrirse y nadie la puede coger excepto tú.
—Me encantaría alguna pista de Proteramon, pero no puedo exigirle a un Primerizo —replicó el chacal, desviando la mirada al yoyo plateado.
—“Llegará el momento indicado para saberlo, mi querido Intermediario. Paciencia” —habló en tono sabio y místico, aunque por dentro estaba estallando de risas.
—Ya está —avisó Samiraimon, habiendo terminado la reparación. Procura no resultar herido la próxima vez, Velkelimon.
—Ya, jejeje. Gracias, Samiraimon —le agradeció con una sonrisa, asintiendo respetuosamente.
El tren viajó por la vía sin nada que lo detuviese, la idea era llegar hasta el otro extremo de Corialis Port, evitando cualquier enfrentamiento con las Autoridades. Inevitablemente, Víctor y Annie lograron divisar en el horizonte la sede del Corialis Port Daily, aún seguía en pie, pero se encontraba en muy mal estado.
—Allí fue donde Leopardmon fue asesinado por Lordknightmon —señaló Víctor, apuntando al edificio más alto de la ciudad.
—Es absurdo… ¿Por qué los Caballeros Reales se matan unos a otros? Creí que eran aliados —se quejó Nanokorimon, cruzándose de brazos.
—Imagino que son cuestiones de lealtad —replicó Protemon, girando su cabeza a Nanokorimon—. El Rey Drasil está loco. Si las Autoridades son tan estrictas consigo mismas, imaginaos el nivel de exigencia que tienen los Caballeros Reales. Supongo que el más mínimo error significa la muerte.
— ¡Bien pensado, colega! —exclamó Arman, haciéndole una caricia a su compañero Digimon—. Ahora ya sabemos cómo matarlos. Tenemos que hacer que la caguen y se matarán entre sí, jajaja.
Todos, incluyendo los Digimons, dedicaron una mirada llena de amargura a Fuchida. Ese comentario había sido de lo más estúpido y mucho menos gracioso.
—Vale… pues me callo —dijo Arman haciendo un gesto con la mano.
— ¿Cuánto tiempo crees poder soportar la Digievolución? —le preguntó Mikaru a Velkelimon, viéndole atentamente.
—“Me encantaría poder deshacerla de no ser por el acuerdo al que llegamos” —se quejó Miklaztemon en las mentes del equipo.
El acuerdo era que como no podían bajar la guardia en las ruinas, al menos uno de los Digimons debía realizar la Digievolución para defender a los demás, y no todos a la vez. Así evitaban la posibilidad de que llegasen al 100% de sincronización. Afortunadamente, Velkemon había conseguido un 35%.
Mikaru no se molestó en responderle, sencillamente ya no confiaba tanto en él como antes. Después de presenciar las pesadillas de Velkemon en la guarida, y el hecho de la persecución que tenía Hakkamon con el espectro oscuro, eran suficientes pruebas para dejar de confiar en el Primerizo. Se negaba a responder a las interrogantes y solo hablaba cuando le venía en gana, era muy misterioso, ni siquiera Proteramon era tan capullo para ocultar secretos, a pesar de sus bromas de mal gusto.
Takeshi observaba el esplendor blanquecino de su brazo de Digicode, recordando a su fallecido compañero Digimon. Solo habían sido dos ocasiones en las que una Zentramon formó parte de su brazo, el día de cumpleaños de Mikaru y en su muerte. Le extrañaba muchísimo, hasta sintió las ganas de llorar en silencio, pero se contuvo y respiró profundo.
—“Por alguna razón no puedo dejar de pensar en él” —pensó Takeshi, cerrando sus ojos.
—“Madre mía… Takeshi aún no lo ha superado, aún recuerda a su pececito” —replicó Proteramon en tono burlón.
Tanto Takeshi como el resto del equipo se sorprendieron al escuchar al “Primerizo de las bromas pesadas”.
— ¿¡Puedes escuchar los pensamientos de los demás!? —se exaltaron.
—“… ¡Sorpresa!”.
— ¡Serás gilipollas! —Takeshi se levantó furioso de su asiento, avanzando infranqueable hacia Arman Fuchida.
— ¡Eh, cálmate, ¿sí?! ¡No vayas a desquitarte conmigo, yo no tengo la culpa! —se escudó Arman, cubriéndose con sus brazos del posible puñetazo del “beta tester”.
— ¡Pues entonces controla a tu D-mod! —le gritó—. ¡Todos aquí estamos hartos de sus sandeces!
—Por favor, no peleéis entre vosotros —aportó Annie, algo incomoda al respecto.
—“La chica está en lo cierto, controla tu lengua, Takeshi. Sigo siendo superior a ti y debes respetarme” —exigió Proteramon, hablando seriamente por primera vez.
— ¿¡Cómo exiges respeto si no puedes respetar a los demás!?
—“¡Pues muy fácil, manteniéndoles con vida!” —gritó Proteramon. Después de tal argumento, el “beta tester” se quedó callado, al igual que los otros—. “De no ser por mí, Mikaru y el legendario líder de los Mavericks se habrían quedado atrapados en la mina de Sub City. De no ser por mí, Nanokorimon estaría muerto. Gracias a mí, escaparon de Craniummon en Citadel. Creo que hay razones de sobra para exigir el respeto que merezco… ¿no es así?”.
— ¡Pero también nos has puesto en peligro! ¡También nos has hecho sentir mal! ¿¡De qué lado estás!? —gritó Takeshi.
—“Del mío… Bienvenido al Digimundo, chaval. Todo lo hago para hacer más interesante vuestra aventura, jejeje. ¿Que acaso no nos hemos divertido?” —preguntó en tono burlón.
Takeshi no pudo mantener la discusión por más tiempo, se retiró hasta su asiento y decidió olvidar todo lo que había pasado. Amon le miraba fijamente y les recordó a todos.
—Los deseos de los Primerizos son inciertos, por eso algunos Digimons los consideraban malignos. Somos como conejillos de indias en un enorme patio de juegos.
—Amon tiene razón, Takeshi. No merece la pena discutir con un Primerizo —asintió Samiraimon, cruzada de brazos.
Víctor dedicó su atención al Intermediario, sorprendido por el autocontrol que tenía. Lograba salir ileso de cualquier situación emotiva, no sufría ni tampoco se deprimía o enfurecía.
—A veces me gustaría que me quitasen mis sentimientos —mencionó en voz baja.
—Es horrible, Víctor. Te recomiendo que no lo pienses ni por un segundo —replicó Amon.
Ghopermon vigilaba el horizonte en la parte delantera del tren, una sonrisa se dibujó en su rostro al ver el mar, la luz del ocaso se reflejaba en el agua dándole un color naranja muy hermoso.
— ¡Chicos, ya hemos llegado! —avisó en voz alta.
— ¡Ya era hora! —exclamó Arman, levantándose de golpe de su asiento y digiriéndose al puesto de conductor. Le dio una caricia al dragón blanco, viendo los muelles a lo lejos.
Las grúas montacargas eran enormes, eran usadas para montar los contenedores del muelle a los barcos. Lo que no agradaba era la presencia de las Autoridades en la estación, y las cosas empeoraron cuando contactaron con el tren.
—“Aquí estación cinco de Corialis Port, identifíquese por favor” —a juzgar por la voz se trataba de un Pawnchessmon operador.
Arman y Ghopermon se vieron de reojo, sin saber cómo responder al llamado. Mikaru, Velkelimon y Protemon entraron en el vagón para ver qué pasaba.
— ¿Algún problema? —preguntó Mikaru, con su mirada fija en Fuchida.
—Buenas y malas noticias, Mikaru —respondió Arman, dándole una palmadita en el hombro derecho.
El joven de las gafas entrecerró sus ojos, desconfiando un poco de sus palabras.
—Explícate…
Arman sonrió como si estuviera acostumbrado a ese tipo de inconvenientes.
—La buena es que ya no tendremos que preocuparnos por saltar del tren antes de que se estrelle. La mala es que nos detendrán las Autoridades. Realmente no sé qué es peor, creo que ambas son malas noticias —encogió sus hombros, alzando una ceja.
Mikaru quedó boquiabierto, mirando a Velkelimon.
—“Aquí estación cinco de Corialis Port, solicitamos identificación para poder abordarlos, cambio” —insistió el Pawnchessmon operador.
— ¿Qué le decimos?  —susurró Ghopermon, buscando una respuesta rápida.
—No lo sé, ¿quién puede fingir aquí? Que tenga la voz parecida a un Pawnchessmon o algo —de pronto, a Arman se le ocurrió una idea traviesa, viendo a su pequeño compañero Digimon.
Protemon ladeó la cabeza hasta que se dio cuenta de lo que buscaban hacer. Entrecerró su mirada y lanzó un suspiro.
—Vale… Pasadme los cascos.
Mikaru los cogió y se los puso a Protemon en la cabeza, acomodándole el micrófono. Se veía muy gracioso, como si fuera un operador de atención al cliente. Arman y Ghopermon no pudieron evitar carcajear para sus adentros.
—Avísame cuando estés listo para pulsar el botón rojo —dijo Ghopermon.
Protemon aclaró su garganta y dio la señal asintiendo con la cabeza, entonces al activarse el micrófono, cerró sus ojos y habló.
—Aquí Pawnchessmon, emm… hemos venido a patrullar la zona y solicitamos permiso de abordaje, cambio.
—“¡Oh dios mío pero qué patético se ha escuchado!” —exclamó Proteramon estallando en risas—. “Tendréis suerte si las Autoridades caen con eso”.
—“Permiso concedido. Disminuiremos la velocidad del tren hasta que haya llegado a la estación” —sorprendentemente, el operador si cayó en la jugada.
—“Vale, qué Pawnchessmon más capullo os ha tocado. Si yo estuviese en su lugar habría volado el tren por los aires” —bromeó Proteramon.
Los Mavericks habían conseguido una oportunidad de oro, volvieron a reagruparse en el vagón trasero, evitando ser vistos a través de las ventanillas. En esas, la Digievolución de Velkemon cesó y tuvieron que elegir a un nuevo candidato, el cual desafortunadamente resultó ser el mismo Protemon.
Agachados, los jóvenes humanos veían al zorrito quejarse en susurros una y otra vez. El tren ya comenzaba a disminuir la velocidad, arribando en la estación subterránea del muelle, el cual estaba lleno de miembros de la Autoridad.
— ¿Qué estáis locos? ¿Qué pasa si llego a Digievolucionar en Promegamon? ¡No cabría en este lugar!
—Pff, venga ya… las probabilidades jugarán a nuestro favor, colega —dijo Arman en tono despreocupado, girando sus ojos.
— ¿Y si no qué, Arman? Puedo dejar de existir si llego al 100%. No, espera, ¡Arman no lo hagas!
¡Digievolución Mod!
Cuando el tren finalmente paró en el andén, un yoyo plateado saltó por la ventanilla y explotó en un grupo de guardias Pawnchessmons, generando un espectáculo de luces azules. Los diminutos caballeros afectados se arrastraron por el suelo mal heridos, tratando de salvar sus vidas.
“Digicore recibido… Porcentaje de sincronización lograda en 80%” —informó la voz computarizada del D-mod.
— ¡Mavericks! —gritó el Pawnchessmon operador desde su cabina, exaltado por la sorpresa. Los vio salir del tren a través de las numerosas cámaras de seguridad. Entonces dio la alerta general—. ¡Atención, miembros de la Autoridad, se han detectado Mavericks en la zona! ¡Repito, se han detectado Mavericks en la zona!
¡Protemon, Mod Digivolve a…! ¡Progigamon! —el zorro humanoide en pantalones surgió y encendió su bola de fuego gigante en la mano derecha—. ¡Bien hecho, Arman! ¡Me encargaré de despejar la estación en un parpadeo! —habló emocionado, avanzando a saltitos como la mismísima caperucita roja.
Los Mavericks se pusieron a cubierto tras el muro de la línea de metro, el complejo estaba destrozado y las luces titilaban. La noche había caído y se escuchaba el sonido de alarma. Mikaru se sintió como todo un invasor, pero entró en pánico al escuchar disparos provenientes de las escaleras.
Progigamon retrocedió como un cobarde, poniéndose a cubierto con sus ojos bien abiertos.
— ¿Qué cojones? ¡Estos Pawnchessmons tienen armas de fuego! —mencionó asustado.
— ¿Y qué esperabas? ¡Estamos en Corialis Port, genio! —se quejó Víctor. Él ya conocía la forma de batallar de la ciudad, igual a la de los humanos en el Mundo Real, con armas de fuego.
— ¡A Progigamon no gustarle las balas! —exclamó el Digimon frunciendo el ceño.
Ghopermon giró sus ojos y caminó hasta quedar al descubierto. Los Pawnchessmons agrupados en la superficie apuntaron sus ametralladoras a él y dispararon.
¡Campo Magnético! —gritó Ghopermon, invirtiendo la polaridad de sus partes mecánicas para repeler las balas—. ¡Todos detrás de mí! —ordenó.
— ¡Hey, yo doy las ordenes aquí! —se quejó Velkemon aunque obedeciendo la orden del dragón blanco.
Juntos avanzaron por las escaleras, aferrándose a Ghopermon como se aferraban a la vida. Mikaru vio la oportunidad de contraatacar y disparó sus Balas Eléctricas, incapacitando a varios tiradores de la superficie. Aunque luego sus esfuerzos fueron nulos, puesto que Progigamon cargó una nueva bola de fuego y la lanzó como una catapulta.
— ¡Rompan filas! —gritó uno de los Pawnchessmons, huyendo despavorido antes de que sus compañeros murieran rostizados en llamas azules.
Repentinamente, una nueva ráfaga de balas atacaron a los Mavericks por la retaguardia, logrando herir a Samiraimon.
— ¡Sami! —exclamó Annie sujetándola antes de que cayera al suelo.
Nanokorimon reaccionó rápido y actuó como escudo de carne de las balas, protegiéndose con sus antebrazos. En ese momento, Amon decidió contraatacar.
Teleportación Oscura —abrió un portal negro en el suelo en forma circular y lanzó su caja metálica con todas sus fuerzas. Un nuevo portal apareció justo debajo de los Pawnchessmons y el peso de la caja los destrozó. El objeto volvió ingresar en el portal por inercia y regresó a las patas del Intermediario.
Annie abrazaba a Samiraimon, cubriendo la fuga de datos que tenía en su espalda. Estaba muy preocupada y asustada.
— ¡Está herida, necesitamos repararla! —alertó a los demás.
— ¡Ghopermon, avancemos hacia la puerta de la izquierda! —ordenó Takeshi.
— ¡Entendido!
Los Mavericks entraron a lo que parecía ser un angosto pasillo de mantenimiento, era oscuro y muy sucio, con tuberías sobresalientes de las paredes. Aunque era desagradable, al menos era el escondite ideal por unos minutos. Mikaru bloqueó la puerta con un tablón grueso que encontró en el suelo y miró a Samiraimon.
— ¿Estás bien…? —le preguntó entre jadeos.
—Estoy bien, Mikaru, agh… —respondió la Guardiana débilmente. Creó un círculo de Digicode en su mano derecha y la acercó a su herida en la espalda—. Una bala no me detendrá.
—Así se habla, Sami —le apoyó su compañera humana.
Velkemon giró su cabeza a Amon, curioso por sus peculiares poderes oscuros. Había presenciado su contraataque haciendo uso de unos portales y la caja metálica, una estrategia bastante inteligente y oportuna.
— ¿Cuánto pesa esa caja en realidad? —preguntó el Digimon verde.
—Estimo que dos kilogramos —respondió mientras la alzaba mostrando su ligereza.
—Esa caja pesa toneladas, Amon —se quejó Arman de brazos cruzados y cerrando sus ojos, apoyándose en el muro grasiento.
—Tal vez la caja pese lo que tu mente quiera que pese —replicó Amon, viéndole fijamente.
—Eh, ¿acaso crees que al verla pensé en lo pesada que sería? —preguntó Arman, abriendo uno de sus ojos—. Es muy pequeña para tratarse de un objeto pesado.
—Sí quieres hacemos el intento —el chacal le ofreció la inocente caja metálica, esperando que el joven la recibiese, pero él la rechazó sin dudar. Aquella caja le produjo un pavor terrible cuando machacó sus dedos con su peso anormal.
— ¡Aleja esa cosa de mí!
—Jajajaja, venga, Arman. ¿Te da repelús una cajita? —se burló Progigamon, viendo la cara de pánfilo que tenía su compañero humano.
—Claro que no, pero me sentiría más cómodo si al menos nos dieras una pista sobre ella.
—“Eso me lo reservo para el final, chaval. La paciencia es una virtud” —recordó con aires de grandeza.
—“Bueno, seguid avanzando, quiero llegar a Mother Tree cuanto antes” —ordenó Miklaztemon. Se oía apurado, y cómo no estarlo si deseaba renacer para reclamar su lugar en el Digimundo.
Mikaru bajó la mirada a su collar tetraédrico, el Primerizo de la Justicia habló solo para ordenar que se apurasen, cosa que le tocó las narices. Sin embargo, el tiempo apremiaba y debían darse prisa en comandar un navío. Las cosas podrían ponerse peor y la noche se avecinaba.
Fuera de la estación, las luces de las grúas permanecieron encendidas, iluminando a un pequeño destacamento de Pawnchessmons, quienes marchando de un lado a otro en formación cuadrada, vigilaban cada zona del embarcadero. Parecían piezas de ajedrez, posicionándose para defender los barcos. Se sentía el olor a agua salada y el singular aroma a oxido de los contenedores. Nuestros amigos Mavericks avanzaron cautelosos, asomándose por un contenedor azul uno detrás de otro.
— ¿Cuántos hay, Mikaru? —preguntó Velkemon de un susurro, estando tras su pierna.
—Son demasiados, es casi un ejército —respondió nervioso, volviendo a ocultar su cabeza.
—Da igual lo numerosos que sean, puedo machacarles con mi Meteoro de Confianza —dijo Progigamon lleno de ánimo, chocando sus puños uno con otro.
—Ni se te ocurra —Takeshi le paró con su brazo izquierdo, viéndole con seriedad—, un impacto de esa magnitud jodería los barcos. Será mejor que guardes tus ideas suicidas para otra ocasión.
—“Chicos, detecto una fuerte señal digital en las cercanías. Según los códigos se trata del Megaknightmon que comanda las Autoridades” —informó Miklaztemon en las mentes de todos.
— ¿Sabrán lo que intentamos hacer? —preguntó Víctor, viendo a su hermana.
—Bah, si lo supieran habrían destruido los barcos. Solo espero que no tengamos problemas con las Autoridades en altamar —contestó Takeshi con sus ojos cerrados y brazos cruzados.
Mikaru sujetó su collar tetraédrico, cada vez que intentaba entablar una conversación el Primerizo terminaba ignorándole, pero dedujo que tratándose de una situación seria, respondería.
—Había olvidado que actuabas como un radar… ¿Podrías decirnos la ubicación del Megaknightmon? —preguntó cortésmente.
Gracias al cielo, Miklaztemon replicó:
—“Está en el balcón del muelle oeste, rodeado de Gladimons”.
—Perfecto, lo ideal es que evitemos un enfrentamiento directo con Megaknightmon y secuestremos un barco —habló Arman sonriente.
Los Mavericks miraron a Fuchida sorprendidos, ¡por fin había dicho algo inteligente! Arman se sonrojó y una gotita de sudor apareció sobre su cabeza.
— ¿Qué? A veces puedo actuar con seriedad —replicó.
—Un minuto… —Mikaru buscó señales de Amon pero no le encontró en ninguna parte—. ¿Dónde está Amon? Estaba aquí hace un momento —señaló el sitio donde lo había visto por última vez, detrás de Nanokorimon.
— ¿Uh? ¿Dónde se ha metido? —se preguntó el dragón blindado, girando sobre sí mismo. No podía creer que por su descuido hubiese desaparecido—. ¡Estaba aquí!
Mikaru imaginó lo peor, volvió a echar un vistazo, esta vez observando el muelle donde supuestamente estaba Megaknightmon. Para su sorpresa, Amon había llegado hasta allí por medio de sus portales oscuros, sujetaba su caja con total indiferencia, viendo al poderoso caballero de frente.
— ¡Amon se ha vuelto loco! —exclamó Mikaru, aferrándose con fuerza del contenedor.
— ¿Qué? ¿Qué sucede? —preguntó Ghopermon, sintiéndose inquieto.
— ¡Se ha teleportado hasta Megaknightmon!
— ¿¡Qué!? —dijeron todos en voz alta.
— ¡Mierda, será gilipollas! ¡Cómo no tiene emociones no es capaz de sentir temor y se ha lanzado a la boca del lobo! —exclamó Takeshi, dándose cabezazos contra el contenedor. Ya daba igual el ruido que hiciese, ya que el Intermediario había llamado la atención de todos los guardias cercanos—. Espera… —el “beta tester" se asomó, viendo la vía libre de enemigos—. ¡Podemos sacar partido de esto!
Takeshi salió disparado del escondite, dirigiéndose a la embarcación más cercana, un pesquero mediano hecho de metal.
— ¡Takeshi! ¡Vamos, Velkemon! —Mikaru asintió y siguió al rubio, arriesgándolo todo al salir al descubierto. El resto del equipo fueron tras de él en fila.
Annie pensó en el chacal gris con preocupación, había sido una jugada muy arriesgada y la hizo sin el consentimiento de los demás, seguramente sabiendo que le negarían una petición tan alocada. ¿Pero cómo lograría escapar? Dudaba que lograra hacer otro de sus portales de vuelta al pesquero con tantos enemigos rodeándole.
— ¿Qué pasará con Amon? Tenemos que rescatarle —dijo la chica mientras paraba al pie del puente de madera, viendo a Mikaru.
El joven de las gafas bajó la mirada, tratando de maquinar un plan. Entonces dirigió su atención a Progigamon, quién ya estaba poniéndose cómodo sobre el cargamento del barco.
—A mí ni me mires, ya me he instalado —replicó de mala gana y con pereza en su tono de voz.
— ¡Progigamon! —se quejó Arman alzando sus brazos—. ¡No vamos a dejar a Amon a su suerte!
— ¡Él se lo buscó! ¡Pon esta chatarra a toda máquina, Nanokorimon! —le gritó al que sería el capitán de la embarcación.
Nanokorimon estaba en la cabina de mando preparando la nave para su partida, pero no tenía pensado en zarpar sin antes recoger a Amon.
El Intermediario se encontraba en un grave aprieto, rodeado de Autoridades, no tenía salida ni siquiera por debajo del balcón. Por supuesto, su cara seguía indiferente ante el peligro, viendo al Megaknightmon con la cabeza ladeada.
— ¿Un Maverick preguntándome sobre la llave de una caja? Esto sí que es de locos… —se burló Megaknightmon, desenfundó su espadón y apuntó al Digimon. Su hoja superaba con creces el tamaño del chacal y aun así no demostraba temor—. Admiro tu valentía pero ha sido estúpido arriesgar tu vida por una simple llave.
—Responde, ¿sabes dónde puedo encontrar la llave de esta caja? —Amon volvió a formular su pregunta.
—Jajajajaja, vale, dado que se te cruzaron los cables haré tu deseo realidad. Esa caja la recuperamos entre los restos de un barco hundido en las profundidades de Net Ocean, cerca de Fog Island. El esfuerzo que dedicamos para transportarla fue inmenso, perdimos a muchos Digimons, por desgracia, jamás encontramos la llave. La trajimos a la fortaleza de Raining Forest para estudiar el código digital antiguo grabado en ella, pero son letras sin sentido.
—Exactamente, esa era otra de mis inquietudes. Las letras están desordenadas… —Amon indagó sobre la respuesta del caballero, Fog Island era exactamente el destino que seguían los Mavericks. Cerró sus ojos y asintió agradecido—. Muchas gracias. Debo marcharme ahora, mis amigos están esperándome.
Megaknightmon miró a sus compañeros, realmente no podía creer la insolencia del Maverick, venir, preguntarle algo e irse con todo su descaro.
—Matadlo… —ordenó, dándole la espalda al chacal.
—Como ordene, mi señor —obedeció uno de los Gladimons, acercándose a Amon, afilando sus espadas.
El Intermediario yacía inmóvil en su sitio, con la caja sujeta en sus patas. En ese momento, cerró sus ojos y dijo en voz baja y sublime:
Teleportación Oscura —creó un portal justo delante suyo y dejó caer la caja. Otro portal apareció sobre la cabeza de Megaknightmon y el objeto cayó sin piedad sobre él, atravesándolo verticalmente. La caja avanzó agujereando el balcón hasta parar en el suelo del muelle, dejando su huella en la calzada metalizada.
Los Gladimons vieron aterrados como su amado líder caía hecho pedazos, liberando sus datos al aire libre. Tartamudearon y se alejaron del Digimon lentamente.
— ¿¡Q-q-qué demonios eres!? —gruñó un Gladimon, amenazándole con su espada temblorosa.
Los Mavericks ponían atención a lo que pasaba desde el pesquero, pero no lograba apreciarse con claridad, solo pudieron ver partículas luminosas dispersarse en el muelle.
— ¡Amon! —gritó Mikaru, apoyándose de la barandilla de la embarcación. Pensaba que le habían lastimado.
Progigamon lanzó un bostezo, aún cómodo sobre las cajas. Estaba totalmente despreocupado, conociendo al intermediario y las propiedades de la caja, sabía que podía salir solo de ese aprieto.
—Pff, estresarse es malo para la salud. La vida hay que aceptarla como venga y siempre divertirse —dijo en tono burlón, lanzando una carcajada.
—Para ti es fácil decirlo, eres 80% un Primerizo irresponsable —se quejó Annie, con sus brazos en jarra y viéndole con desdén.
Garras de la Muerte —pronunció Amon, generando energía maligna en sus garras doradas, en ese entonces, los Gladimons que le rodeaban sintieron un punzante dolor de cabeza y la sensación de ser arañados en todo su cuerpo—. Soy el Intermediario de los Primerizos, aprovecharé esta oportunidad para transmitiros un mensaje. Los Primerizos volverán muy pronto, vendrán a reclamar su lugar en el Digimundo, el mundo que les pertenece por derecho. Os recomiendo que disfrutéis de vuestras vidas, ya que pronto el Equilibrio será restaurado y vosotros dejareis de existir.
Mikaru recordaba aquella habilidad, la usó para torturar a tres Pawnchessmons hace cuatro días. La consideraba cruel y despiadada a pesar de no ser mortal.
—Los está torturando de nuevo… —mencionó en voz baja.
Velkemon subió la mirada a su compañero humano.
—Mikaru…
Los Gladimons cayeron rendidos a los pies de Amon, retorciéndose de dolor, agonizando y suplicando que parase. El Intermediario bien podía quedarse a hacerles la vida insoportable, pero eso se alejaba de sus planes. Ahora, Amon estaba más interesado en abrir la caja metálica y su llave estaba en Fog Island. Paró su ataque y creó un portal debajo de la caja, llevándola de vuelta al barco pesquero, seguido de él.
Las miradas fulminantes de los Mavericks se fijaron en el Intermediario cuando regresó, sobre todo la de Velkemon.
— ¿Algún problema? Los he dejado intactos, el efecto de las Garras de la Muerte ha cesado —se excusó Amon, caminando tranquilamente hasta encontrarse con Progigamon.
—Ninguno… —dijo Velkemon, girando sus ojos y lanzando un suspiro—. Ya podemos zarpar.
Amon mantuvo la mirada fija en el Digimon acostado sobre el cargamento. Progigamon le vio con una sonrisa, señalándole.
—No has perdido tu toque, Amon. Impresionante —admitió en tono burlón, como si en realidad no le sorprendiera. De pronto, una sorpresa cayó caída del cielo, el portal de salida se generó encima del Digimon, dejando caer la caja metálica sobre sus manos.
Los jóvenes humanos y sus Digimons quedaron impactados ante lo sucedido, Progigamon no se había hundido por el exorbitante peso, de hecho, la caja parecía no pesar ni un kilogramo.
Los ojos de Progigamon quedaron totalmente abiertos, también estaba sorprendido, realmente no se esperaba tal jugada del Intermediario. Miraba la caja con cierto resentimiento, tocándola ligeramente con sus garras azules.
—Ya se lo que contiene la caja —declaró Amon en tono decisivo—. Me asegurare de cargarla conmigo siempre. No quiero hundir el pesquero con el peso de mis emociones.
Progigamon desvió la mirada al chacal gris, había demostrado ser muy intrépido, astuto e inteligente, tanto que había descubierto la respuesta de su acertijo. Amon recibió la caja y Protemon regresó a la normalidad. El yoyo plateado apareció en el bolsillo izquierdo de Arman Fuchida, refunfuñando de mala gana.
—“Un aplauso para Amon, el único Digimon que ha conseguido amargarme la inexistencia” —dijo sarcásticamente.

"Después de un pequeño inconveniente con la mafia, la estabilidad regresó a la guarida de los Mavericks. Ahora, habiendo planeado su travesía, los jóvenes humanos y sus compañeros Digimons embarcaron rumbo a Mother Tree, con la esperanza de regresar con los Primerizos vivos, dejando a Mikemon a cargo de la guarida y de las operaciones Mavericks en el continente Folder".

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:icongirlxl:
GirlxL Featured By Owner Mar 30, 2015
Aw, Amon y su cajita! Wow, Los poderes de Amon son geniales..
Ghopermon todo un chefF u3u
¡Me gustó este capitulo!
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:iconmiklazteles:
Miklazteles Featured By Owner Mar 30, 2015  Student General Artist
gracias ^^
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:iconomega-knight-x97m:
Omega-Knight-X97M Featured By Owner Jan 19, 2015  Student Digital Artist
Me preocupa Ghorpemon... Yo tampoco le podre mirar de la misma forma y parece ser un poco ignorado.
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:iconmiklazteles:
Miklazteles Featured By Owner Jan 19, 2015  Student General Artist
En cierta forma Ghopermon será ignorado gracias a que él en realidad es malo y solo está siendo manipulado para actuar como bueno.
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:iconomega-knight-x97m:
Omega-Knight-X97M Featured By Owner Jan 20, 2015  Student Digital Artist
Es un poco cruel eso... ojala se le pueda reprogramar y no manipular.
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:iconmiklazteles:
Miklazteles Featured By Owner Jan 20, 2015  Student General Artist
Es que es reprogramado, el problema es que no dura para siempre y vuelve a su antigua programación.
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:iconomega-knight-x97m:
Omega-Knight-X97M Featured By Owner Jan 20, 2015  Student Digital Artist
Uno de los Primerizos puede hacerlo... A no ser... Que vuelva desde un digihuevo comenzando de cero! :D
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:iconmiklazteles:
Miklazteles Featured By Owner Jan 20, 2015  Student General Artist
Acabas de tocar un punto importante y no diré nada porque es spoiler xD.
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:iconomega-knight-x97m:
Omega-Knight-X97M Featured By Owner Jan 20, 2015  Student Digital Artist
OKAY! XD
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:iconpredalienmaster:
PredalienMaster Featured By Owner Dec 11, 2014  Hobbyist General Artist
jajaja Proggigamon saltando como caperusita roja?! x,D
Arman y la caja nunca se llevaran bien nunca, ya sabia que tenia eso la caja, lo presenti :o :o
me pregunto si sabre que sera ese fantasma dentro del D-mod de la justicia
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:iconmiklazteles:
Miklazteles Featured By Owner Dec 11, 2014  Student General Artist
Solo el tiempo lo dirá jejejejeje e_e aunque también puede decirlo Miklaz pero no quiere, solo quiere mantener el suspense e.e
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:iconpredalienmaster:
PredalienMaster Featured By Owner Dec 11, 2014  Hobbyist General Artist
el suspenso es bueno :V
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:iconmiklazteles:
Miklazteles Featured By Owner Dec 11, 2014  Student General Artist
Seh, tengo diversas sorpresas preparadas... e.e muahahahaha MUAHAHAHAHAHAHAHA!!!
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December 11, 2014
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